miércoles, 18 de marzo de 2009

Cuestión de derechos

Queridos Compatriotas y Camaradas:
Se disparó, después del asesinato del amigo de Susana Gimenez y de su expresión ante los medios una suerte de revolución por gran parte de la sociedad. Y esto sumado a la ola de delincuencia que se está manifestando últimamente, hizo que se organice una marcha pidiendo seguridad, pero como sabemos el gobierno hace oídos sordos. De hecho el Ministro de Justicia indica que somos uno de los países latinoamericanos con menos delincuencia (¿Cómo será el de mayor?).


Se habló en la prensa de pena de muerte, la gente habla de la misma pena, de cumplimiento de las condenas como corresponde y de algunos factores como para detener la criminalidad, pero volvemos a la decadencia de los valores pero la droga es la que manda y de ahí se desencadena una reacción, un ciclo.
Imaginemos este escenario: Villa miseria, bajos recursos, hambre, maltrato, descuido, droga.
El ciclo se cumple de la determinada manera. El joven de bajos recursos sufre hambre, el padre preso, la madre ¿? no se sabe, 25 hermanos para mantener, que todos sufren maltrato y descuido. La droga en dicho escenario es moneda corriente entonces buscan apalear estos factores buscando alivio en la droga, pero al no tener para comprarla salen a robar.

Te roban a vos, me roban a mi, nos roban a todos.
No solo se trata de que roben sino que también de que su cerebro está tan licuado por la droga que también matan. Matan a tu mamá, a tu papá o a tu hermano.
La policía cumple un rol muy importante en este caso y es el de ocultar y repartir droga porque somos víctimas de un organismo en su totalidad, corrupto.
Más allá y además de todo esto surgen aquellas organizaciones defensoras de los derechos humanos, algo que profundamente me indigna. Me INDIGNA con mayúsculas. El derecho humano es un "poder", un don que se obtiene siendo delincuente, porque nosotros, los que trabajamos carecemos de libertad sometidos a cualquier tipo de ultraje.

Trascendió un caso en esta última semana pasada, que un padre quizo salir a hacer justicia por mano propia porque balearon a su hijo y le perforaron parte del sistema respiratorio, un riñón y parte del intestino.
Si este hombre llegaba a actuar por impulso e instinto de defensa terminaba preso sin ningún derecho de nada y el delincuente suelto y protegido por estos derechos humanos maravillosos.
Otro caso, Marisol, una nena de 9 años, violada, asesinada, y vuelta a violar después de muerta. ES ABERRANTE ¿Qué hay que hacer con el tipo que hizo este desastre? Destruyó una familia. Marisol podría ser tu hija, tu nieta, tu hermana. Pasó esto porque si, por nada, pasó como le puede pasar a cualquiera de nosotros ¿Qué tipo de derechos defendieron a Marisol o al chico baleado? No son los únicos casos, son innumerables que pasan todo el tiempo a toda hora.
Y en opinión personal, como Juez a cargo de alguno de estos dos casos mencionados anteriormente, primero encontrar a los asesinos hasta con gendarmería si es necesario, luego castigo y luego ejecución en una plaza pública y televisada. Puede ser arcaica la forma, pero al parecer no hay cura para este cáncer social.
El tema de los derechos humanos es como una persona enferma, en lugar de quitarle la enfermedad, le inyecten más y le saquen anticuerpos para matarla más rápido.

¿QUÉ ES LO QUE PASA? ¡¡¡ES UNA LOCURA!!!
"El que mata debe morir" dijo con justa razón y a conciencia Susana Gimenez.
NO DEJEMOS QUE NOS LIBREN AL LIBRE ALBEDRÍO DE LA DELINCUENCIA.

Aprovecho esta entrada para aclarar (ya que estamos) mi entrada denominada "Mi idea, mi lucha y mi voluntad" que lo que digo ahí, de formar organizaciones paramilitares no lo digo por una simple ocurrencia sino, que como dije anteriormente, la policía también está infectada con este virus de corrupción y ya ni si quiera tenemos quien nos defienda si no es por nuestros propios medios. A si que le pido, a todos aquellos que opinan al pedo que lo piensen un poquito mejor.

Ya concluyendo, hablamos de los derechos humanos de los delincuentes, de la pena de muerte, de la organización corrupta que supuestamente nos debería defender, y sacamos en limpio, que seguimos igual, y por más marcha que se haga, no va a haber Kirchner que te escuche. Y seguimos librados al destino de la delincuencia y la máquina infernal de la droga.
Saludos a todos y espero vuestros comentarios.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hablar del tema de la inseguridad es incurrir en una cuestión que difícilmente pueda desplegarse en todo su esplendor en una única entrada, por muy detallada que ésta parezca.

Es cierto que la profusión de la droga entre los estratos más carenciados de la sociedad sumada a la ineficacia y a la corrupción de un aparato policial y judicial que hace las veces de padrino de la delincuencia, son factores clave para comprender la problemática.

Sin embargo, es menester recordar que todo este nefasto paisaje transcurre dentro de un contexto macroeconómico que descarta y confina a amplios sectores de la sociedad a una segura e irreversible indigencia. Esta condición sumada a una cultura carente de valores morales da lugar al vicio, lo que desemboca en un tributo al principio de la "vida fácil" (que ya de por sí, siempre fue un germen firmemente instalado en la idiosincracia argentina). Surge, así, el "ciclo" del que vos hablás en tu comentario...

Ahora bien, el hecho de que la génesis del problema de la inseguridad esté, como he afirmado, en íntima relación con el funcionamiento del sistema económico que impera en el mundo, no alcanza para justificar las aberraciones y el ultraje al que estamos siendo sometidos la mayoría de los argentinos. Ni la piedad ni las falsas pretensiones de empatía que proclaman las asociaciones de derechos humanos que resguardan a los delicuentes justificando, de una u otra forma, la criminalidad, sirven para consolar a aquellos que perdieron y pierden a sus seres queridos en nombre del "paco de cada día" o para aminorar el terror que uno siente al abandonar su casa o incluso dentro del mismísimo territorio de su vivienda.

Ante esto, es inevitable pensar que, al final, -como bien decís vos- los derechos humanos son propiedad exclusiva de los que delinquen y que sus víctimas deben conformarse y resignarse sin más.

Ahora bien, frente a este deplorable panorama -que no sólo es indignante sino que también corroe el derecho a la vida de miles de argentinos que se ganan la vida sanamente-, se da el debate de la pena de muerte y no falta quien comete la necedad de considerarla un retroceso, una vuelta a los comienzos y, por ende, algo bárbaro.

Pero, ¿acaso la situación en la que vivimos no es la verdadera barbarie?. ¿O es justo que los que llevamos adelante una vida honrada seamos los potenciales condenados a muerte en manos de un menor enajenado por el "paco"?

Y de ahí se desprende otro tema... Ya está comprobado que el grado de destrucción que generan las drogas -y más aún el "paco"- es irreversible. Entonces, ¿qué función de regeneración y reinserción social puede cumplir la cárcel en una persona cuyas facultades mentales han sido aniquiladas por los estupefacientes?. ¿Tiene algún sentido el gasto que genera para el Estado la manutención de un criminal que no tiene retorno? Mi respuesta es que no y menos aún si se considera la falta de fondos en áreas mucho más productivas como educación y salud.

Por otro lado, habrá quiénes propongan políticas sociales como solución para esta barbarie haciendo hincapié, sobre todo, en la necesidad de expandir y asegurar una educación ecuánime para todos. Personalmente, no desmerezco el papel de la educación como factor socializante y hasta me parece un factor clave para impedir que se agraven los males. Sin embargo, considero que, dada la magnitud presente del problema y la gran cantidad de delincuentes que ya no podrán regenerarse -y que les inculcan la criminalidad como modo de vida a sus hijos-, con la educación sola no alcanza y es imprescindible la aplicación de penas más severas e incluso, en algunos casos, de la pena de muerte.

Sólo una vez resuelto el grueso del problema, puede que la educación y las políticas sociales basten por sí solas para no volver a la situación presente...

En fin, creo que me extendí demasiado pero considero que una opinión acerca de la temática que vos trataste en esta entrada merecía una argumentación sólida.

Me despido no sin antes expresarte mi firme apoyo.

Romina

Anónimo dijo...

Hablar del tema de la inseguridad es incurrir en una cuestión que difícilmente pueda desplegarse en todo su esplendor en una única entrada, por muy detallada que ésta parezca.

Es cierto que la profusión de la droga entre los estratos más carenciados de la sociedad sumada a la ineficacia y a la corrupción de un aparato policial y judicial que hace las veces de padrino de la delincuencia, son factores clave para comprender la problemática.

Sin embargo, es menester recordar que todo este nefasto paisaje transcurre dentro de un contexto macroeconómico que descarta y confina a amplios sectores de la sociedad a una segura e irreversible indigencia. Esta condición sumada a una cultura carente de valores morales da lugar al vicio, lo que desemboca en un tributo al principio de la "vida fácil" (que ya de por sí, siempre fue un germen firmemente instalado en la idiosincracia argentina). Surge, así, el "ciclo" del que vos hablás en tu comentario...

Ahora bien, el hecho de que la génesis del problema de la inseguridad esté, como he afirmado, en íntima relación con el funcionamiento del sistema económico que impera en el mundo, no alcanza para justificar las aberraciones y el ultraje al que estamos siendo sometidos la mayoría de los argentinos. Ni la piedad ni las falsas pretensiones de empatía que proclaman las asociaciones de derechos humanos que resguardan a los delicuentes justificando, de una u otra forma, la criminalidad, sirven para consolar a aquellos que perdieron y pierden a sus seres queridos en nombre del "paco de cada día" o para aminorar el terror que uno siente al abandonar su casa o incluso dentro del mismísimo territorio de su vivienda.

Ante esto, es inevitable pensar que, al final, -como bien decís vos- los derechos humanos son propiedad exclusiva de los que delinquen y que sus víctimas deben conformarse y resignarse sin más.

Ahora bien, frente a este deplorable panorama -que no sólo es indignante sino que también corroe el derecho a la vida de miles de argentinos que se ganan la vida sanamente-, se da el debate de la pena de muerte y no falta quien comete la necedad de considerarla un retroceso, una vuelta a los comienzos y, por ende, algo bárbaro.

Pero, ¿acaso la situación en la que vivimos no es la verdadera barbarie?. ¿O es justo que los que llevamos adelante una vida honrada seamos los potenciales condenados a muerte en manos de un menor enajenado por el "paco"?

Y de ahí se desprende otro tema... Ya está comprobado que el grado de destrucción que generan las drogas -y más aún el "paco"- es irreversible. Entonces, ¿qué función de regeneración y reinserción social puede cumplir la cárcel en una persona cuyas facultades mentales han sido aniquiladas por los estupefacientes?. ¿Tiene algún sentido el gasto que genera para el Estado la manutención de un criminal que no tiene retorno? Mi respuesta es que no y menos aún si se considera la falta de fondos en áreas mucho más productivas como educación y salud.

Por otro lado, habrá quiénes propongan políticas sociales como solución para esta barbarie haciendo hincapié, sobre todo, en la necesidad de expandir y asegurar una educación ecuánime para todos. Personalmente, no desmerezco el papel de la educación como factor socializante y hasta me parece un factor clave para impedir que se agraven los males. Sin embargo, considero que, dada la magnitud presente del problema y la gran cantidad de delincuentes que ya no podrán regenerarse -y que les inculcan la criminalidad como modo de vida a sus hijos-, con la educación sola no alcanza y es imprescindible la aplicación de penas más severas e incluso, en algunos casos, de la pena de muerte.

Sólo una vez resuelto el grueso del problema, puede que la educación y las políticas sociales basten por sí solas para no volver a la situación presente...

En fin, creo que me extendí demasiado pero considero que una opinión acerca de la temática que vos trataste en esta entrada merecía una argumentación sólida.

Me despido no sin antes expresarte mi firme apoyo.

Romina

Juan dijo...

Gracias Romina, aprecio mucho tu colaboración.

Juan dijo...

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